En Cierta Ocasión

Clases y Cursos

04 junio 2016

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En Cierta Ocasión

En cierta ocasión una mujer me llamó para que le diera un curso. Un curso de cultura general. Me dijo que se sentía como una estúpida en las reuniones con los amigos de su marido porque no sabía de nada y resultaba poco interesante.

 

Hicimos una sola clase. En esa clase aprendimos a entender que para resultar interesantes debemos estar interesados. La vida no es aburrida, lo somos nosotros; especialmente cuando no encontramos nada lo suficientemente interesante como para prestarle la atención propia de un alumno en un curso intensivo. Eso implica aprender, aprender de verdad: escuchando y observando y haciendo acopio de todo ello no como un tesoro que debe ser guardado sino como la infraestructura de nuestra propia mente.

 

El conocimiento no es un estatus. No se trata de tener un carnet de socio en una gran institución. No consagra, ni siquiera dignifica. El conocimiento solo tiene valor cuando se percibe como una actividad: saber es estar en acción, en aprendizaje y descubrimiento continuos. Un ejemplo claro son los miembros de SpaceX: todos y cada uno de sus miembros son los más preparados en su campo. Pero no se comportan como si fueran vacas sagradas del conocimiento, aletargados en su egolatría, no haciendo más que decir lo buenos que son y lo mucho que saben. Lo que hacen es comportarse como alumnos entusiastas que trabajan juntos, compartiendo, viviendo en equipo, aportando lo mejor de cada uno, investigando, descubriendo, creando y aprendiendo constantemente sobre todo lo relacionado a los viajes al espacio y la colonización de otros planetas.

 

Y eso es lo que los hace geniales: su actitud.

 

No hace falta hacer un curso de cultura general. La cultura está en todas partes y, con las presentes tecnologías, al alcance de la mano, es algo accesible; siempre hay algo que aprender, incluso en el prospecto que aparece en la caja de tampones, que nos da por leer en el cuarto de baño; en él también hay un montón de información útil que está conectada con Todo.

 

Siempre me acordaré de un profesor que tuve de Geografía y Economía. Nos pasamos tres meses hablando sobre una lata de Coca-Cola, al término del trimestre sabíamos todo lo necesario para entender las bases geopolíticas y económicas necesarias para comprender los mecanismos de la Globalización. Este profesor siempre nos decía que estuviéramos atentos, pero de forma divertida, a todo nuestro entorno y que no diéramos nada por sentado hasta llegar al fondo de las cuestiones que nos planteásemos. Saber mirar y saber escuchar son los bártulos no solo de todo buen estudiante sino de cualquier ser que se precie de “consciente”, como se suele decir hoy día, para designar al ciudadano inteligente, avanzado y posmoderno.

 

Podemos mejorar nuestras áreas de conocimiento pero nunca estaremos tan preparados como cuando sepamos exactamente lo que nos falta. A la mayoría lo que le falta es actitud de aprendizaje. Ésa era la principal cualidad de Leonardo Da Vinci, por la que pasó a la Historia como Homo Universalis, hombre universal, que es más o menos a lo que aspira la mayoría de gente hoy día: saber de todo y saberlo todo. Eso solo es posible con una actitud fomentada por una curiosidad empática y entusiasta, donde observación y escucha están siempre en pleno funcionamiento.

 

A esta señora solo le faltaba actitud, no un curso de cultura general. Después de varios años y multitud de encuentros con personas “instruidas” e interesadas por diversos temas, podía haber aprendido muchísimo si su asistencia hubiera sido más activa. Y la cosa no pasa por participar “hablando” y “opinando”; a menudo es observando y escuchando como mejor se puede formar una opinión que resultará interesante siempre, porque estará construida de forma inteligente.

 

Siempre me acordaré de un familiar con el que solía encontrarme en esa clase de reuniones de domingo por la tarde. Solía aprenderse artículos enteros de Wikipedia y los recitaba de forma impositiva, socavando a los asistentes con “su autoridad en la materia”. Un día el tema tuvo que ver con la definición de “un hecho histórico”, era uno de esos momentos donde todo el mundo habla con todo el mundo. El wikiman tenía acorralado a un nuevo invitado, un hombre de aspecto flemático y tranquilo, de los que disfrutan con el bocadillo. Lo estuvo fustigando durante veinte minutos concluyendo que si “el zampabollos” no lo entendía era normal; un hecho histórico como tal es algo difícil de entender.

 

Pues resultó que el “zampabollos” estaba doctorado en Historia.

 

Pero no por eso iba a perderse el espectáculo del wikiman, así que se limitó a callar, incluso cuando el otro dio por sentado que no estaba a la altura de la conversación. Según me dijo más tarde, el doctor en Historia, es muy curioso cómo la gente hace ostentación sobre el conocimiento de datos históricos, que no son muy diferentes de los relativos a la tabla de multiplicar. Me hizo muchísima gracia la analogía, rápidamente imaginé a mi cuñado vociferando la tabla de multiplicar con jactancia y soberbia, escupiendo a la cara de la gente “¡Dos por dos, pues son cuatro!, pero claro eso no lo sabe todo el mundo, lo sé yo porque…”

 

En fin, actitud. Y como se suele decir no hay nada que perjudique tanto a una buena actitud como una mala actitud.

 

 

Sole Sánchez

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